Aquel señor al que compraba las flores que te daba
me preguntó por ti, que qué pasaba, que por qué no te llevaba.
Le tuve que decir que no te veo más, que ya no sé de ti, que te fuiste de mí, no le pude mentir, pues flores otra vez no le he vuelto a comprar.
Aquel nuestro camino que solíamos andar, cuando las aves al mirarnos se ponían a cantar... los árboles aún se inclinan para verte caminar, y todo queda triste cuando ven que tú no estás.
Aquel señor, que nos deseara que fuéramos dichosos, me quiso consolar cuando miró que yo me ahogaba entre sollozos.
Me dijo que tal vez mañana volverás, o que quizá algún día a mi lado estarás, y será cuando entonces las flores que me vende yo le vuelva a comprar... a aquel señor, a aquel señor...